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29/12/09

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«BD: Os mellores de 2009»

Ese é o título do artigo que se publica hoxe en CulturaGalega.org, e no que aparecen tamén declaracións miñas sobre o máis destacábel do ano, no que atinxe á BD galega (autores, editoras). Aínda que por cuestións de estilo o artigo non vai asinado, quen está detrás do texto é Germám Ermida, un dos que máis ten feito, desde os labores de edición e promoción, para que se fale tanto e tan ben da BD galega polo mundo adiante.
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Un par de columnas traducidas

Aunque lo normal en este blog es que los textos estén escritos en gallego (entre otros motivos, porque la gran mayoría de mis colaboraciones se publica en medios gallegos, y este blog básicamente se dedica a reproducir dichas colaboraciones), he traducido mi última columna (y otra, a la que remite esta), dado que ya son varias las personas no gallegas a las que me ha parecido útil enviársela así, y de paso evitarles el esfuerzo de comprensión que supone una lengua distinta, aunque sea muy parecida a la propia.

Derechos electrónicos
Henrique Torreiro

El libro digital obligará a repensar los fundamentos del negocio, también en el còmic.

Que los defensores del libro de papel estemos convencidos de que no es posible conseguir sus mismos efectos con el formato electrónico no significa que el libro digital no sea una realidad mucho más próxima de lo que queremos admitir. La digitalización del mundo editorial viene de muy lejos, y a través de internet todos empleamos libros digitales (en PDF, por ejemplo) desde hace años. Que nosotros no acabemos de sintonizar con la idea de leer en un e-book, en un iPod o en el móvil no significa que la lectura en pantalla no gane adeptos cada minuto: para muchos chavales ya es tan normal, actualmente, leer en un aparato como en papel.
    El futuro del libro es digital, mal que nos pese, y aunque no sabemos cuánto tiempo convivirán el papel y la pantalla, o si lo harán para siempre, el caso es que el porcentaje de edición electrónica no va a dejar de subir exponencialmente. Y resulta que eso tiene muchos aspectos positivos: siempre pensamos en nuestros libros favoritos, pero no en la ingente cantidad de informes empresariales, guías comerciales y manuales técnicos en continua actualización que dejarán de significar árboles cortados, carburante quemado en el transporte y, con suerte, energía gastada en su reciclaje.

El futuro que no se puede esquivar
Que los libros ilustrados y los cómics vayan a ser de los últimos en verse afectados de forma seria por este futuro imparable no es óbice para comenzar a pensar en cómo va a ser el negocio dentro de nada. Aunque las editoriales buscan solución en las protecciones informáticas (mediante los DRM o por el acceso al libro solo en la red), lo cierto es que no está claro que no vaya a haber quien logre superar los impedimentos y hacer copias fuera de esa protección. Mientras al mundo de la música le quedan los conciertos y al mundo del cine la gran pantalla, al del libro no le va a quedar forma de financiación si sus creaciones son fácilmente conseguibles de modo gratuito a través de la red. Cuando el público no vea diferencia notable entre leer en pantalla y hacerlo en papel, y ese día va a llegar antes o después, el modo de subsistencia de muchos creadores (y de muchos profesionales que hacen que esa creación luzca al máximo: diseñadores, correctores..., libreros) va a quedar seriamente tocado.
    No se trata, creo yo, de dar marcha atrás en las ventajas que trajeron consigo los medios digitales. Incluso el intercambio peer-to-peer tiene beneficios claros también para la industria —muchas personas se bajan los archivos, pero después compran los discos o las películas, sea para sí mismos o para regalar—, pero esta onda de gratuidad sobrevenida está implicando una peligrosa tendencia a la desvalorización de la creación en el imaginario colectivo. Si, desde cierta visión anarquizante que comienza a dominar la opinión pública, la cultura debe ser gratuita, la reducción al absurdo de esta teoría implica que sus creadores deben ser amateurs, pero resulta que no toda creación puede hacerse como complemento de otro trabajo no artístico que ocupe la mayor parte de la jornada.
    Puede decirse que las grandes multinacionales se lo tienen bien merecido por sus políticas de uso y abuso, y probablemente se tenga toda la razón, pero la triste realidad es que los que verdaderamente van a sufrir todo esto son las pequeñas editoriales y los autores que estén en ellas (la autoedición tampoco resuelve este problema). Parte de la solución pasa por una revalorización social de lo creativo, y quizás por la instauración de un modo de pensar que funciona en la cultura nórdica pero que aquí no cuaja: «tienes mi producto gratuitamente, pero te agradezco tu contribución voluntaria». Mientras no se tenga claro que un autor trabaja en su obra (en el sentido más duro de la expresión: le cuesta, pasa malos momentos), su producto no valdrá más que un impuesto incomprendido que procuraremos saltarnos siempre que podamos.

Links:
Los DRM en la Wikipedia
Más sobre la valoración social del autor («Entre as viñetas») [A continuación, texto traducido también de esta columna]

Firmas
Henrique Torreiro

Los dibujantes de cómic parecen tener una ‘obligación’ como autores: dibujar individualmente en los libros de sus lectores.

Una de las críticas que se hizo a la edición de este año del Viñetas desde o Atlántico, que incluso se reflejó en algunos blogs, fue a la decisión de que en las sesiones de firmas los autores solo hiciesen autógrafos en libros, y no en cualquier papel presentado por el interesado. Alguien razonaba que tal medida no se podía tomar con dineros públicos, como si fuese hecha únicamente por favorecer a las editoriales.
Ya he escrito en alguna otra ocasión sobre el tema de las sesiones de firmas y la imagen que en el fondo acaban dando del oficio de dibujante o de ilustrador. Repasemos: un escritor de una novela, por ejemplo, acude a una sesión de autógrafos para firmar ejemplares de su libro, pues es un acto promocional de este. Lo que su público va a esperar de él es, además de su firma, una pequeña dedicatoria, que puede ser simplemente el nombre de la persona que lleva el ejemplar o algo más extenso, de tres o cuatro líneas a lo sumo. En cambio, lo que se espera de un autor de cómic es que haga una ilustración lo más completa posible —hay quien incluso aplica color—, además de firmarla y dedicarla. Y todo esto por el mismo precio: nada.

Fenómenos de feria
Una sesión de firmas no es un espectáculo en que gratuitamente vemos cómo dibuja un señor para nosotros, sino un acto en el que se puede llegar a producir el contacto entre el autor y su lector, y el primero tiene la cortesía de regalarle un pequeño dibujo al segundo.
En realidad, lo que la mayor parte del público quiere es tener la sensación de asistir al proceso de creación de un dibujo por su autor favorito, cosa irreal en la mayor parte de los casos: aunque hay ciertamente dibujantes con mucha capacidad de improvisación y rapidez en la ejecución, lo más normal es que se trate de un dibujo que ya tiene medianamente automatizado —dentro de una serie que va variando—, a base de repetirlo en las sesiones de autógrafos; no es el mismo proceso que lo llevaría a hacer una de sus viñetas. Sin embargo, muchos de los agradecidos lectores acaban teniendo, además de admiración, la impresión de que, visto lo fácil que le resulta al autor sacar figuras vistosas de su rotulador, el trabajo de realizar los cómics es mucho más liviano de lo que es en realidad. No creo que eso sea demasiado bueno para la imagen profesional que se proyecta, aunque el autor reciba una satisfacción inmediata, el equivalente al aplauso a un actor o a un músico. Algunas de las horas de esas sesiones están pagadas por las editoriales —es un trabajo, ¡vaya si lo es!—, pero no siempre sucede así.
Por eso, que en un salón totalmente abierto y gratuito como el Viñetas la única condición que se ponga a quien quiere un dibujo dedicado es que traiga por lo menos un libro del autor parece más que lógica, para evitar que el clásico espabilado pueda aprovechar para ponerse en la fila y pedir dibujitos a todos los invitados, aunque no los conozca de nada (¡total, es gratis!). No olvidemos que eso no impide que el autor, si lo tiene a bien, haga un dibujo en un cuaderno o similar. Pero tengamos presente que ése es un regalo por su parte, no una obligación.

23/12/09

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‘Dereitos electrónicos’, nova columna en CulturaGalega.org

Hoxe sae publicada a miña columna periódica (aparece aproximadamente cada dous meses, baixo a epígrafe de «Entre as viñetas») en CulturaGalega.org, o portal de actualidade cultural que auspicia o Consello da Cultura Galega e dirixe Manuel Gago (autor, dito sexa de paso, dun dos blogs máis interesantes e recomendábeis que se fan por estes lares, Capítulo 0). Nesta ocasión —e seguindo co tema que xa comentei días atrás— centreime na certa polémica existente arredor dos formatos do libro, entre tecnófilos e tecnófobos, cuxas discusións son como as árbores que non deixan ver o bosque: o importante son os contidos, non o soporte en que gozamos deles.
De paso, un apuntamento máis —dalgunha forma relacionado coas desaforadas (e desafortunadas) reaccións que os posts de Manel Fontdevila no seu blog da web do diario Público (aquí e aquí) provocaron entre algúns internautas—, sobre o que é o dereito de autor e sobre como algúns mesturan allos con bugallos e, cun mal entendido espírito libertario, reclaman que a propiedade intelectual é un roubo, curiosamente sen poren antes en dúbida a propiedade en xeral. Naturalmente, hai moito que debater sobre o tema, mais resolvelo da forma en que o fan algúns opinadores clama ao ceo.
En fin, a columna en cuestión pode lerse aquí, e todas as anteriores, aquí.

21/12/09

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BD en ‘Viralatas’ nº 5

Xa está editado o novo número de Viralatas, correspondente a decembro (á parte de encontralo gratuitamente en cafés, tendas e librarías das sete cidades galegas, tamén pode ser baixado en formato pdf desde aquí [3,65 Mb]). Nesta ocasión colaboro cunha entrevista a Alex Cal —que está a ter as súas primeiras experiencias no mercado norteamericano do cómic—, e coas recensións na sección sobre BD, como de costume. Estas son as deste número 5.


Bastien Vivès
O que parece ser un dos grandes talentos da nova banda deseñada europea está a despuntar con apenas vinte e cinco anos. Nesta pequena novela gráfica (aínda que a súa brevidade é só relativa, e ten que ver co seu pausado sentido do ritmo máis que coa súa extensión real, de cento corenta páxinas) cóntasenos unha historia mínima, a dos primeiros pasos dun namoramento a partir dunha situación anecdótica. O decorrer dunhas sesións de natación recomendadas polo fisioterapeuta serve a Vivès para demostrar unha destreza envexábel no emprego da liña e no da mancha de cor —entre as que transita como peixe na auga, e nunca mellor dito—, mais especialmente no seu dominio da narrativa, que dinamiza o relatado e conquista o interese do lector nese microfragmento de realidade en que é fácil verse reflectido. O título describe perfectamente o tipo de impresión que se pretende con este conto, carente de inicio e final no sentido tradicional, pero cargado de poderosas notas sensitivas. H. T.


David Rubín
Ao igual que fixera con Romeo y Julieta, a súa anterior obra para esta mesma colección, Rubín adapta un clásico literario á banda deseñada. Se naquela ocasión recorría á vertente máis cartoon do seu estilo para, sorprendentemente, reflectir de forma moi acertada o espírito da obra e o seu dramatismo nas poucas páxinas a que obrigaba o formato da colección, desta vez, ao se tratar dun brevísimo relato, os recursos narrativos do universo persoal do adaptador permítenlle ofrecer, sen ningún atranco, unha versión que leva o romanticismo do Bécquer orixinal ao seu terreo propio. Emprega así sen problemas unha porción importante do texto escrito do cal parte e conxúgao con imaxes nunha construción coherente e creativa; malia tratarse dunha obra pensada para un público infantil e xuvenil, respectuosa co texto inicial —sen tampouco ficar debedora del até verse limitada—, o resultado é un traballo que se engarza plenamente na vizosa traxectoria, en constante evolución, do autor ourensán. H. T. 


Seth 
O creador de La vida es buena si no te rindes e Ventiladores Clyde ofrécenos unha das obras fundamentais deste ano, publicada orixinalmente por capítulos en The New York Times. O obstáculo preliminar de tratar un tema complexo a través de entregas dunha soa páxina é superado habilmente por Seth —pseudónimo do canadense Gregory Gallant— incorporando as ideas de Chris Ware ao seu selo persoal. Deste xeito, a experimentación empregada, coa fragmentación do relato, non é percibida polo lector como tal, senón como desenvolvemento natural da trama. O personaxe central, vella gloria dunha televisión local, famoso polas súas expedicións árticas, que explotou despois a base de charlas, libros e programas, é nesta obra desmontado, desconstruído, analizado desde múltiples perspectivas: a dun narrador case-omnisciente, a dos achegados, a de persoas que o coñecían só como figura pública. O resultado, unha obra entretida e fascinante, que reflexiona sobre as zonas escuras da existencia humana. H. T.


Jirô Taniguchi 
Volve editarse, e nesta ocasión nun único tomo, o celebrado álbum do xaponés Jirô Taniguchi, autor que ten suposto para moitos lectores occidentais, afortunadamente, o abandono de toda unha serie de prexuízos sobre o manga que, na maior parte dos casos, non se corresponden coa realidade. A coartada fantástica —un home maduro sofre inexplicabelmente unha viaxe no tempo e pasa a revivir en primeira persoa a súa época adolescente— serve de escusa formal para tratar uns temas que lle son queridos ao autor de El almanaque de mi padre: o paso dos anos, os momentos claves na vida, as oportunidades perdidas, as contas pendentes co pasado, as complexas relacións de familia, a sensación de clarividencia que se pode ter ao ollar todo iso co pouso da experiencia... Taniguchi consegue atrapar estas sensacións de forma moi precisa, e transmitilas co grao necesario de nostalxia para as facer vívidas e reais, malia estaren localizadas nunha cultura tan aparentemente afastada de nós como a nipona. H. T.

11/12/09

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Mesa redonda en Valencia

Non quedaba tan contento do resultado dunha mesa redonda desde había moito tempo. O xoves da semana pasada tomei parte na organizada en Valencia pola Apiv para a presentación do Informe 2008 do Observatorio da Ilustración Gráfica (informe do que xa falei neste blog). É certo que a presentación en Santiago tamén estivera ben, pero esta saíu aínda mellor.
Na foto (xentileza de Verónica Leonetti), os participantes nesta ocasión: de esquerda a dereita , Pablo Auladell, Carlos Ortín, eu, Arnal Ballester e Rosa Serrano, xusto no momento do comezo (de aí esas caras tan serias e concentradas). Concordamos antes do acto que unha das ideas clave era non acabar no tradicional discurso choromiqueiro que fai que todo o mundo saia máis deprimido do que entrou, e penso que o conseguimos. Malia que a situación que estamos a albiscar podería ser cualificada de caótica, sen esaxerar —por exemplo, no mundo da edición, que é o que centrou boa parte do tempo, os ciclos insostíbeis dos que se fala no Informe están xa comezando a estoupar, e o mercado dixital ten aínda unha chea de incógnitas—, coido que conseguimos transmitir que todas estas incertezas traen tamén consigo unha morea de oportunidades novas, e que hai razóns para o optimismo (un maior control sobre a difusión das obras; a vida ilimitada dun libro, sexa virtualmente ou con impresión baixo pedido...). E, ante todo, que o sector da ilustración está atento aos cambios para actuar directamente.
A impresión que me produciu a participación do público, e o ambiente que percibín despois nos petiscos que se serviron no local da asociación, confirman que esta non foi unha mesa redonda máis, senón que serviu a moita xente para decatarse de que está a comezar unha nova etapa, chea de cambios substanciais. E eu creo que a min tamén me fixo máis consciente diso.