Copyrights @ Journal 2014 - Designed By Templateism - SEO Plugin by MyBloggerLab

29/12/09

, ,

«BD: Os mellores de 2009»

Ese é o título do artigo que se publica hoxe en CulturaGalega.org, e no que aparecen tamén declaracións miñas sobre o máis destacábel do ano, no que atinxe á BD galega (autores, editoras). Aínda que por cuestións de estilo o artigo non vai asinado, quen está detrás do texto é Germám Ermida, un dos que máis ten feito, desde os labores de edición e promoción, para que se fale tanto e tan ben da BD galega polo mundo adiante.
, , ,

Un par de columnas traducidas

Aunque lo normal en este blog es que los textos estén escritos en gallego (entre otros motivos, porque la gran mayoría de mis colaboraciones se publica en medios gallegos, y este blog básicamente se dedica a reproducir dichas colaboraciones), he traducido mi última columna (y otra, a la que remite esta), dado que ya son varias las personas no gallegas a las que me ha parecido útil enviársela así, y de paso evitarles el esfuerzo de comprensión que supone una lengua distinta, aunque sea muy parecida a la propia.

Derechos electrónicos
Henrique Torreiro

El libro digital obligará a repensar los fundamentos del negocio, también en el còmic.

Que los defensores del libro de papel estemos convencidos de que no es posible conseguir sus mismos efectos con el formato electrónico no significa que el libro digital no sea una realidad mucho más próxima de lo que queremos admitir. La digitalización del mundo editorial viene de muy lejos, y a través de internet todos empleamos libros digitales (en PDF, por ejemplo) desde hace años. Que nosotros no acabemos de sintonizar con la idea de leer en un e-book, en un iPod o en el móvil no significa que la lectura en pantalla no gane adeptos cada minuto: para muchos chavales ya es tan normal, actualmente, leer en un aparato como en papel.
    El futuro del libro es digital, mal que nos pese, y aunque no sabemos cuánto tiempo convivirán el papel y la pantalla, o si lo harán para siempre, el caso es que el porcentaje de edición electrónica no va a dejar de subir exponencialmente. Y resulta que eso tiene muchos aspectos positivos: siempre pensamos en nuestros libros favoritos, pero no en la ingente cantidad de informes empresariales, guías comerciales y manuales técnicos en continua actualización que dejarán de significar árboles cortados, carburante quemado en el transporte y, con suerte, energía gastada en su reciclaje.

El futuro que no se puede esquivar
Que los libros ilustrados y los cómics vayan a ser de los últimos en verse afectados de forma seria por este futuro imparable no es óbice para comenzar a pensar en cómo va a ser el negocio dentro de nada. Aunque las editoriales buscan solución en las protecciones informáticas (mediante los DRM o por el acceso al libro solo en la red), lo cierto es que no está claro que no vaya a haber quien logre superar los impedimentos y hacer copias fuera de esa protección. Mientras al mundo de la música le quedan los conciertos y al mundo del cine la gran pantalla, al del libro no le va a quedar forma de financiación si sus creaciones son fácilmente conseguibles de modo gratuito a través de la red. Cuando el público no vea diferencia notable entre leer en pantalla y hacerlo en papel, y ese día va a llegar antes o después, el modo de subsistencia de muchos creadores (y de muchos profesionales que hacen que esa creación luzca al máximo: diseñadores, correctores..., libreros) va a quedar seriamente tocado.
    No se trata, creo yo, de dar marcha atrás en las ventajas que trajeron consigo los medios digitales. Incluso el intercambio peer-to-peer tiene beneficios claros también para la industria —muchas personas se bajan los archivos, pero después compran los discos o las películas, sea para sí mismos o para regalar—, pero esta onda de gratuidad sobrevenida está implicando una peligrosa tendencia a la desvalorización de la creación en el imaginario colectivo. Si, desde cierta visión anarquizante que comienza a dominar la opinión pública, la cultura debe ser gratuita, la reducción al absurdo de esta teoría implica que sus creadores deben ser amateurs, pero resulta que no toda creación puede hacerse como complemento de otro trabajo no artístico que ocupe la mayor parte de la jornada.
    Puede decirse que las grandes multinacionales se lo tienen bien merecido por sus políticas de uso y abuso, y probablemente se tenga toda la razón, pero la triste realidad es que los que verdaderamente van a sufrir todo esto son las pequeñas editoriales y los autores que estén en ellas (la autoedición tampoco resuelve este problema). Parte de la solución pasa por una revalorización social de lo creativo, y quizás por la instauración de un modo de pensar que funciona en la cultura nórdica pero que aquí no cuaja: «tienes mi producto gratuitamente, pero te agradezco tu contribución voluntaria». Mientras no se tenga claro que un autor trabaja en su obra (en el sentido más duro de la expresión: le cuesta, pasa malos momentos), su producto no valdrá más que un impuesto incomprendido que procuraremos saltarnos siempre que podamos.

Links:
Los DRM en la Wikipedia
Más sobre la valoración social del autor («Entre as viñetas») [A continuación, texto traducido también de esta columna]

Firmas
Henrique Torreiro

Los dibujantes de cómic parecen tener una ‘obligación’ como autores: dibujar individualmente en los libros de sus lectores.

Una de las críticas que se hizo a la edición de este año del Viñetas desde o Atlántico, que incluso se reflejó en algunos blogs, fue a la decisión de que en las sesiones de firmas los autores solo hiciesen autógrafos en libros, y no en cualquier papel presentado por el interesado. Alguien razonaba que tal medida no se podía tomar con dineros públicos, como si fuese hecha únicamente por favorecer a las editoriales.
Ya he escrito en alguna otra ocasión sobre el tema de las sesiones de firmas y la imagen que en el fondo acaban dando del oficio de dibujante o de ilustrador. Repasemos: un escritor de una novela, por ejemplo, acude a una sesión de autógrafos para firmar ejemplares de su libro, pues es un acto promocional de este. Lo que su público va a esperar de él es, además de su firma, una pequeña dedicatoria, que puede ser simplemente el nombre de la persona que lleva el ejemplar o algo más extenso, de tres o cuatro líneas a lo sumo. En cambio, lo que se espera de un autor de cómic es que haga una ilustración lo más completa posible —hay quien incluso aplica color—, además de firmarla y dedicarla. Y todo esto por el mismo precio: nada.

Fenómenos de feria
Una sesión de firmas no es un espectáculo en que gratuitamente vemos cómo dibuja un señor para nosotros, sino un acto en el que se puede llegar a producir el contacto entre el autor y su lector, y el primero tiene la cortesía de regalarle un pequeño dibujo al segundo.
En realidad, lo que la mayor parte del público quiere es tener la sensación de asistir al proceso de creación de un dibujo por su autor favorito, cosa irreal en la mayor parte de los casos: aunque hay ciertamente dibujantes con mucha capacidad de improvisación y rapidez en la ejecución, lo más normal es que se trate de un dibujo que ya tiene medianamente automatizado —dentro de una serie que va variando—, a base de repetirlo en las sesiones de autógrafos; no es el mismo proceso que lo llevaría a hacer una de sus viñetas. Sin embargo, muchos de los agradecidos lectores acaban teniendo, además de admiración, la impresión de que, visto lo fácil que le resulta al autor sacar figuras vistosas de su rotulador, el trabajo de realizar los cómics es mucho más liviano de lo que es en realidad. No creo que eso sea demasiado bueno para la imagen profesional que se proyecta, aunque el autor reciba una satisfacción inmediata, el equivalente al aplauso a un actor o a un músico. Algunas de las horas de esas sesiones están pagadas por las editoriales —es un trabajo, ¡vaya si lo es!—, pero no siempre sucede así.
Por eso, que en un salón totalmente abierto y gratuito como el Viñetas la única condición que se ponga a quien quiere un dibujo dedicado es que traiga por lo menos un libro del autor parece más que lógica, para evitar que el clásico espabilado pueda aprovechar para ponerse en la fila y pedir dibujitos a todos los invitados, aunque no los conozca de nada (¡total, es gratis!). No olvidemos que eso no impide que el autor, si lo tiene a bien, haga un dibujo en un cuaderno o similar. Pero tengamos presente que ése es un regalo por su parte, no una obligación.

23/12/09

, ,

‘Dereitos electrónicos’, nova columna en CulturaGalega.org

Hoxe sae publicada a miña columna periódica (aparece aproximadamente cada dous meses, baixo a epígrafe de «Entre as viñetas») en CulturaGalega.org, o portal de actualidade cultural que auspicia o Consello da Cultura Galega e dirixe Manuel Gago (autor, dito sexa de paso, dun dos blogs máis interesantes e recomendábeis que se fan por estes lares, Capítulo 0). Nesta ocasión —e seguindo co tema que xa comentei días atrás— centreime na certa polémica existente arredor dos formatos do libro, entre tecnófilos e tecnófobos, cuxas discusións son como as árbores que non deixan ver o bosque: o importante son os contidos, non o soporte en que gozamos deles.
De paso, un apuntamento máis —dalgunha forma relacionado coas desaforadas (e desafortunadas) reaccións que os posts de Manel Fontdevila no seu blog da web do diario Público (aquí e aquí) provocaron entre algúns internautas—, sobre o que é o dereito de autor e sobre como algúns mesturan allos con bugallos e, cun mal entendido espírito libertario, reclaman que a propiedade intelectual é un roubo, curiosamente sen poren antes en dúbida a propiedade en xeral. Naturalmente, hai moito que debater sobre o tema, mais resolvelo da forma en que o fan algúns opinadores clama ao ceo.
En fin, a columna en cuestión pode lerse aquí, e todas as anteriores, aquí.

21/12/09

, ,

BD en ‘Viralatas’ nº 5

Xa está editado o novo número de Viralatas, correspondente a decembro (á parte de encontralo gratuitamente en cafés, tendas e librarías das sete cidades galegas, tamén pode ser baixado en formato pdf desde aquí [3,65 Mb]). Nesta ocasión colaboro cunha entrevista a Alex Cal —que está a ter as súas primeiras experiencias no mercado norteamericano do cómic—, e coas recensións na sección sobre BD, como de costume. Estas son as deste número 5.


Bastien Vivès
O que parece ser un dos grandes talentos da nova banda deseñada europea está a despuntar con apenas vinte e cinco anos. Nesta pequena novela gráfica (aínda que a súa brevidade é só relativa, e ten que ver co seu pausado sentido do ritmo máis que coa súa extensión real, de cento corenta páxinas) cóntasenos unha historia mínima, a dos primeiros pasos dun namoramento a partir dunha situación anecdótica. O decorrer dunhas sesións de natación recomendadas polo fisioterapeuta serve a Vivès para demostrar unha destreza envexábel no emprego da liña e no da mancha de cor —entre as que transita como peixe na auga, e nunca mellor dito—, mais especialmente no seu dominio da narrativa, que dinamiza o relatado e conquista o interese do lector nese microfragmento de realidade en que é fácil verse reflectido. O título describe perfectamente o tipo de impresión que se pretende con este conto, carente de inicio e final no sentido tradicional, pero cargado de poderosas notas sensitivas. H. T.


David Rubín
Ao igual que fixera con Romeo y Julieta, a súa anterior obra para esta mesma colección, Rubín adapta un clásico literario á banda deseñada. Se naquela ocasión recorría á vertente máis cartoon do seu estilo para, sorprendentemente, reflectir de forma moi acertada o espírito da obra e o seu dramatismo nas poucas páxinas a que obrigaba o formato da colección, desta vez, ao se tratar dun brevísimo relato, os recursos narrativos do universo persoal do adaptador permítenlle ofrecer, sen ningún atranco, unha versión que leva o romanticismo do Bécquer orixinal ao seu terreo propio. Emprega así sen problemas unha porción importante do texto escrito do cal parte e conxúgao con imaxes nunha construción coherente e creativa; malia tratarse dunha obra pensada para un público infantil e xuvenil, respectuosa co texto inicial —sen tampouco ficar debedora del até verse limitada—, o resultado é un traballo que se engarza plenamente na vizosa traxectoria, en constante evolución, do autor ourensán. H. T. 


Seth 
O creador de La vida es buena si no te rindes e Ventiladores Clyde ofrécenos unha das obras fundamentais deste ano, publicada orixinalmente por capítulos en The New York Times. O obstáculo preliminar de tratar un tema complexo a través de entregas dunha soa páxina é superado habilmente por Seth —pseudónimo do canadense Gregory Gallant— incorporando as ideas de Chris Ware ao seu selo persoal. Deste xeito, a experimentación empregada, coa fragmentación do relato, non é percibida polo lector como tal, senón como desenvolvemento natural da trama. O personaxe central, vella gloria dunha televisión local, famoso polas súas expedicións árticas, que explotou despois a base de charlas, libros e programas, é nesta obra desmontado, desconstruído, analizado desde múltiples perspectivas: a dun narrador case-omnisciente, a dos achegados, a de persoas que o coñecían só como figura pública. O resultado, unha obra entretida e fascinante, que reflexiona sobre as zonas escuras da existencia humana. H. T.


Jirô Taniguchi 
Volve editarse, e nesta ocasión nun único tomo, o celebrado álbum do xaponés Jirô Taniguchi, autor que ten suposto para moitos lectores occidentais, afortunadamente, o abandono de toda unha serie de prexuízos sobre o manga que, na maior parte dos casos, non se corresponden coa realidade. A coartada fantástica —un home maduro sofre inexplicabelmente unha viaxe no tempo e pasa a revivir en primeira persoa a súa época adolescente— serve de escusa formal para tratar uns temas que lle son queridos ao autor de El almanaque de mi padre: o paso dos anos, os momentos claves na vida, as oportunidades perdidas, as contas pendentes co pasado, as complexas relacións de familia, a sensación de clarividencia que se pode ter ao ollar todo iso co pouso da experiencia... Taniguchi consegue atrapar estas sensacións de forma moi precisa, e transmitilas co grao necesario de nostalxia para as facer vívidas e reais, malia estaren localizadas nunha cultura tan aparentemente afastada de nós como a nipona. H. T.

11/12/09

,

Mesa redonda en Valencia

Non quedaba tan contento do resultado dunha mesa redonda desde había moito tempo. O xoves da semana pasada tomei parte na organizada en Valencia pola Apiv para a presentación do Informe 2008 do Observatorio da Ilustración Gráfica (informe do que xa falei neste blog). É certo que a presentación en Santiago tamén estivera ben, pero esta saíu aínda mellor.
Na foto (xentileza de Verónica Leonetti), os participantes nesta ocasión: de esquerda a dereita , Pablo Auladell, Carlos Ortín, eu, Arnal Ballester e Rosa Serrano, xusto no momento do comezo (de aí esas caras tan serias e concentradas). Concordamos antes do acto que unha das ideas clave era non acabar no tradicional discurso choromiqueiro que fai que todo o mundo saia máis deprimido do que entrou, e penso que o conseguimos. Malia que a situación que estamos a albiscar podería ser cualificada de caótica, sen esaxerar —por exemplo, no mundo da edición, que é o que centrou boa parte do tempo, os ciclos insostíbeis dos que se fala no Informe están xa comezando a estoupar, e o mercado dixital ten aínda unha chea de incógnitas—, coido que conseguimos transmitir que todas estas incertezas traen tamén consigo unha morea de oportunidades novas, e que hai razóns para o optimismo (un maior control sobre a difusión das obras; a vida ilimitada dun libro, sexa virtualmente ou con impresión baixo pedido...). E, ante todo, que o sector da ilustración está atento aos cambios para actuar directamente.
A impresión que me produciu a participación do público, e o ambiente que percibín despois nos petiscos que se serviron no local da asociación, confirman que esta non foi unha mesa redonda máis, senón que serviu a moita xente para decatarse de que está a comezar unha nova etapa, chea de cambios substanciais. E eu creo que a min tamén me fixo máis consciente diso.

27/11/09

,

Ruth Matilda Anderson

Hai xa once anos quedara impresionado coa exposición que sobre Ruth Matilda Anderson estivera dentro do programa do Outono Fotográfico, daquelas organizada pola Consellería de Cultura. As imaxes tomadas por esta muller nas dúas expedicións por terras galegas organizadas pola Hispanic Society of America entre 1924 e 1926 abrían unha nítida fiestra cara ao pasado en que, malia os anos que transcorreran desde que foran tomadas, era ben doado identificar elementos totalmente próximos e familiares. 
Desas imaxes sepárannos moitas cousas, porque da historia de ritmo repousado que aínda era propia desa época (moitas das escenas poderían ser exactamente iguais 150 anos antes) pasamos aos cambios de ritmo frenético da actualidade, mais hai algo que non cambiou e que nos fai recoñecernos nelas. 
A semana pasada puiden ver a nova exposición con obra de Anderson, «Unha mirada de antano», que organizou a Fundación Caixa Galicia. Cómpre vela con vagar para poder desfrutala como merece. Só por contemplar algunhas imaxes con perspectivas inéditas (por exemplo, de Ourense, unha vista desde San Francisco que hoxe é sinxelamente imposíbel, tanto como a perspectiva da rúa do Progreso tomada desde un balcón do desaparecido Hotel Roma) xa valería a pena, pero é que a exposición é moito máis. O vídeo que inclúe a reportaxe que preparou CulturaGalega.org, con comentarios dun dos comisarios da mostra, Miguel Anxo Seixas, serve de inmellorábel aperitivo do moito que se pode encontrar nas fotografías tomadas por esta norteamericana en cada recuncho de Galicia.

09/11/09

, ,

BD en ‘Viralatas’ 4

Cun atraso maior do habitual na actualización deste blog, en parte debido a isto e a isto outro, volvo coas recensións que fixen para o número 4 de Viralatas (outubro-novembro), que acaba de saír publicado. Como de costume, a revista pode conseguirse gratuitamente en moitos locais das cidades galegas, e ademais descargarse de balde desde a web, en formato pdf.


            Mi vida mal dibujada
Gipi
O italiano Gipi (pseudónimo de Gian Alfonso Pacinotti) é un dos grandes descubrimentos da banda deseñada europea no último decenio: o seu estilo gráfico, de riscos áxiles e rápidos pero asombrosamente precisos e acertados, vai unido a unha fluidez narrativa que é o perfecto complemento das súas historias. Na súa última obra fala da súa vida, como exercicio creativo e curativo, igual que acontecía, por exemplo, con libros como Mis circunstancias, de L. Trondheim, ou Píldoras azules, de F. Peeters. Non se trata, por tanto, dunha evocación melancólica de tempos pasados, senón que vai moito máis alá: amosa unha historia persoal que poderiamos cualificar de extrema, e faino de forma maxistral, empregando un fabuloso sentido do humor que matiza o dramatismo existente nos temas que trata. De forma envolvente consegue, páxina a páxina, somerxer o lector no relato até facelo participar das súas impresións —en estados alterados e non só—, nunha viaxe terapéutica e exorcizadora. Henrique Torreiro


Hexed: A marca de Lucifer 
Michael Alan Nelson/Emma Ríos
Frutifica en forma de álbum, por fin, o talento de Emma Ríos como narradora gráfica. Neste caso, aínda que non se trate dun traballo con argumento dela, o guión de Michael Alan Nelson encaixa perfectamente no tipo de historias que gusta de contar esta arousá de persoalísimo estilo. Concibido como miniserie de catro capítulos, que á súa vez conforman o que podería ser un primeiro episodio dun proxecto máis longo, o arco argumental funciona moi ben, e non pouco grazas ao talento de Emma. Bebendo a un tempo das historias de serie negra e das de fantasía con elementos do terror de influencia oriental, logran unha narración lixeira e asemade dotada dun pouso escuro, que foxe do estilo comercial maioritario, nunha mestura moi atractiva. Tanto que un dos nomes estelares da BD internacional actual, Paul Pope, se interesou por facer unha portada para a edición en tomo, que se emprega na versión castelá do libro, aínda que sen desmerecer a da propia autora, que ilustra a versión galega. H. T.



            Posy Simmonds
Os límites entre a banda deseñada e o relato ilustrado non son tan fáciles de definir como gustarían os amantes das taxonomías. Que se pode combinar o mellor de ambas as dúas disciplinas é algo que xa demostrara a británica Posy Simmonds no seu libro Gemma Bovery, pero perfecciónao até o extremo en Tamara Drewe. Como no primeiro caso, parte dunha protagonista enigmática, admirada e odiada a partes iguais polos seus veciños e veciñas. Nesta ocasión, múltiples perspectivas conflúen nun relato perfectamente construído, no que ningún dos personaxes participantes escapa da análise. Exemplifica con eles os dous mundos que busca mostrar: a campiña inglesa, cos seus adolescentes aburridos, por unha banda, e os londinienses círculos literarios e da fama, por outra. Como boa coñecedora dos dous ambientes, Simmonds traza unha moi entretida historia chea de matices, ironía e ritmo, que foi publicada por entregas en The Guardian pero que funciona coma un mecanismo de reloxaría nun único volume. H. T.




Liniers
Quen xa coñece a obra de Liniers pode imaxinarse o que o espera nas páxinas do seu novo libro, recompilación das súas tiras diarias no xornal La Nación. É dicir, pode supoñer, precisamente, que nelas é posíbel que aconteza todo o (in)imaxinábel nunha tira de prensa: emprego de moi diversos personaxes, en vez dun único xogo de protagonistas; mudanza constante da estrutura narrativa, na procura de todas as posibilidades existentes; humor gráfico que cada día responde a un tipo de esquema diferente, e  non sempre ao mesmo; incluso humor que nalgúns casos vai máis alá do que se pode entender por humor, e, lonxe da pedantaría, se sitúa cerca da reflexión sinxela e honesta do cotián. E todo isto sen caer no que se chamaría normalmente experimentación, que faría fuxir espavorecidos a gran parte dos seus lectores. Os libros do porteño Ricardo Siri, Liniers, son todo un tesouro que normalmente os seus descubridores gardan nun recanto da súa biblioteca reservado aos achados máis prezados. H. T.

24/10/09

Os sete mares de Galicia




Viaxando no tempo, recupero unha colaboración que fixen en 1998 para o número 4 da revista Bravú, un curioso proxecto impulsado por Xosé Manuel Pereiro, a medio camiño entre a publicación cultural «homologábel» —estaba editada por Xerais— e o fanzine —as colaboracións eran todas de balde—, cuxo subtítulo era «a revista que sae cando a situación o require». Antes, eu colaborara en Bravú ilustrando un relato no número 2, de 1997. A cuarta entrega, que foi o derradeira do proxecto —despois, tivo unha breve resurrección en forma de web—, sufriu toda unha serie de atrasos que fixeron que a súa aparición real fose en 2001. 

Para as páxinas centrais deste cuarto número (a revista era de formato apaisado, de aí o panorámico do encadre) pedíranme unha ilustración a cor, co tema do número —o mar—, e que en concreto reflectise dalgunha forma os «sete mares» ou zonas da costa galega. A portada desta entrega de Bravú —da cal creo que non se encontra nin a máis mínima información en toda a rede, mesmo nos catálogos das bibliotecas—, dígase de paso, estaba feita por Miguelanxo Prado.

A anécdota é que, finalmente, despois da longa espera para a súa publicación, e para a miña sorpresa, en ningún lugar da revista se indicaba a autoría do póster, e o meu nome nin tan sequera aparecía entre a lista de colaboradores. Aínda por riba, optárase —a pesar da miña recomendación en contra— por reproducir a ilustración a sangue —é dicir, sen marxes—, co que, para redondear o asunto, a miña sinatura desaparecera da publicación. Noutras palabras, esta ilustración era, até o día de hoxe, anónima. En fin, o asunto era unha espiña cravada que eu tiña, e, para quitala dalgunha forma, aínda que sexa once anos despois, aquí republico o dito póster, en versión completa (mais non a tamaño real, que é aproximadamente de 21 × 60 cm) e recortada, por se alguén tivese interese nos detalles.

























Creative Commons License
‘Os sete mares de Galicia’ by Henrique Torreiro is licensed under a Creative Commons Recoñecemento-Non comercial-Sen obras derivadas. 3.0 España License. Based on a work at 4.bp.blogspot.com. Permissions beyond the scope of this license may be available at http://htorreiro.blogspot.com.

14/10/09

, ,

‘Que é BD?’, en CulturaGalega.org

Hoxe publicouse a nova columna da miña sección «Entre as viñetas» en CulturaGalega.org. Titúlase Que é BD?, e nela reflexiono brevemente sobre como as definicións que existen sobre a novena arte son bastante variábeis, e acerca de se non lle estaremos a dar demasiada importancia a esas cuestións clasificatorias. 

En principio dubidei se tratar ou non este tema, que se ten tocado tamén por outros columnistas do mesmo portal, como Xastriño ou Melo, ademais de noutros blogs, como o de Álvaro Pons e, especialmente, o de Pepo Pérez —que leva bastante tempo pondo en cuestión a secuencialidade como elemento definitorio da banda deseñada—; dubidábao por se podía ser demasiado técnico para o público xeral, a quen, en principio, vai dirixido o meu texto. 

Porén, pensei que tamén era bo que todo o mundo reparase en como estabelecemos uns marcos definitorios para as manifestacións artísticas e pensamos que están moi claros, cando en realidade son bastante máis esvaídos, e por riba cambian continuamente cos usos sociais. O formato da longametraxe ou o da novela, por exemplo, responden máis a convencións de tipo comercial que a unha razón de ser creativa ou artística, e nin sequera teñen sido iguais en toda a historia, mais podemos pasar horas discutindo se o termo «novela gráfica» é acertado ou un tremendo erro. En fin, o asunto daría para un texto moito máis longo, pero neste caso había que cinxirse a outro tipo de convención: a do espazo que debe ter unha columna. O resultado, aquí.

E, para quen estiver interesado/a, as anteriores colaboracións nesta mesma columna, desde 2005, acolá.

08/10/09

, ,

’Informe 2008’ do Observatorio da Ilustración

Outro dos asuntos que me tivo ocupado durante os últimos meses —e seguirá a ocuparme— é a coordinación e a edición deste Informe 2008 do Observatorio da Ilustración Gráfica, que xa se pode adquirir en papel ou baixar de forma gratuíta en formato PDF. Quedei contento co resultado, e espero que sexa útil na reflexión profesional do mundo da ilustración e nas súas reivindicacións. 
O texto principal —o informe propiamente dito, que está escrito en castelán, mais foi traducido tamén a catalán, éuscaro, galego e inglés— considero que dá unha idea de como andan as cousas nos distintos mercados con que se relaciona a ilustración (entre eles, obviamente, tamén a banda deseñada).  
Entre as outras cousas interesantes do libro, hai varios artigos e catro transcricións de mesas redondas sobre temas moi diversos (o mundo dos axentes, a relación co cliente, as novas tecnoloxías, os novos mercados). Espero non pecar de inmodesto se digo que creo que a súa lectura pode ser valiosa para quen teña algo de interese en como funciona a profesión e os retos que hai que enfrontar. 
Agora toca comezar coas presentacións, ao público, á prensa e ás institucións. Desde onte o libro está presente na feira Liber, en Madrid; dentro duns días, tamén na de Frankfurt, presentándose aos membros do EIF, e despois noutras localidades do estado, como Santiago de Compostela o día 31 deste mes.

30/09/09

,

‘O Fanzine das Xornadas’

Esta é unha das cousas que me ten ocupado estas últimas semanas, e unha das razóns polas cales este blog leva certo atraso na súa actualización. Mañá comezan as XXI Xornadas de Banda Deseñada de Ourense (a web está ben curiosa este ano coa animación sobre o cartel orixinal de Martín Romero) e xusto esta fin de semana é cando se concentran as actividades cos convidados (Miguel Brieva, Juanjo Sáez, David Rubín, Alberto Vázquez e outros moitos). A revista oficial do evento, O Fanzine das Xornadas, que chega ao seu número 16 e que coordinamos de novo Óscar Iglesias e mais eu, pode descargarse desde aquí en formato pdf completamente gratis. As capas, así como a BD que abre o número, corresponden aos irmáns Hugo e Sergio Covelo, que por primeira vez en moitos anos traballaron man con man nas mesmas páxinas por encomenda nosa. Polo demais, artigos sobre as actividades da edición deste ano das Xornadas, e máis páxinas de BD galega de calidade: Alberto Vázquez, Cosme, Carlos Arrojo, José Domingo ou o propio Martín Romero.

11/09/09

, ,

Violencia impresa

En 2007 propuxéronme, desde a publicación feminista Festa da Palabra Silenciada, dirixida por María Xosé Queizán, un artigo sobre a violencia nos cómics. Supoño que poderá dicirse que no meu texto saín un pouco «pola tanxente», xa que falei dos medios en xeral [refírome á ficción; outro día habería que reflexionar tamén sobre o que non é ficcionado] e non só da BD; a razón é que non considero que ese (nin ningún outro, na realidade) sexa especial ou marcadamente violento. Tamén podo ser acusado de relativista, pero creo que, se hai un caso en que hai que apelar a repensar o que vemos tentando miralo con ollos alleos, é este, o da representación da violencia.
O artigo, que inicialmente titulara «Violencia impresa», saíu publicado no n.º 23 da revista (monográfico «Violencia», 2007), nas páxinas 115-116. Creo que o que escribín entón segue sendo válido.
O documento en formato pdf pode baixarse aquí.

VIOLENCIA NO CÓMIC
Henrique Torreiro

Creo que non é ningunha ousadía aseverar que todas as sociedades, e con elas todas as persoas, teñen marcados certos límites entre o que debe ou non mostrarse en público, o que é obsceno —no sentido dunha das etimoloxías atribuídas á palabra: «aquilo que debe permanecer fóra da escena»— e o que non. As sensibilidades varían ao longo dos tempos —non necesariamente cara a mellor nin cara a peor—, e todos estamos irremediabelmente influídos, dunha forma ou doutra, pola sociedade que nos tocou vivir. Mesmo ocorre que obras de arte consideradas xeniais no seu momento as achamos hoxe de dubidoso gusto, e viceversa. Se consultamos as fontes máis clásicas, vemos que así sucedeu sempre.

Todas as persoas temos un punto a partir do cal consideramos que o que estamos a ver —sempre que implique unha vontade de mostrar por parte de alguén— non merecería ser amosado. Consideramos obscenos, pois, certos elementos de índole sexual, violenta, escatolóxica, etcétera, aínda que os nosos límites estean xa moi lonxe dos que poden ou puideron ter os nosos avós. Alén diso, a percepción que cada quen ten da realidade, e, como parte dela, dos medios de comunicación e de expresión, é moi diferente á que ten o seu veciño. Onde algúns críticos ven con sinceridade e emoción unha verdadeira obra mestra, outros tantos encontran unha impostura, unha mediocridade ou unha obra execrábel. E seguramente todos teñen razón, e actúan de boa fe. Polas mesmas razóns, hai persoas que ante unha escena —dun filme, dunha obra de teatro, dunha novela, dun cómic— se senten agredidas ou insultadas, e outras que consideran que a dureza de tal situación encaixa perfectamente cos propósitos da obra e contribúe á súa calidade.

Coas escenas de violencia pode suceder xustamente iso: podemos considerar que se trata de violencia gratuíta ou ben encontrar que esa violencia é indisolúbel co propósito da historia —pondo un exemplo moi evidente: probabelmente unha historia antibélica teña máis carga violenta, e esta sexa máis crúa, que unha historia épica, cando a posición autoral estará, a priori, máis en contra da violencia no primeiro caso que no segundo—. Cando é que superamos os limiares do aceptábel por cada sensibilidade persoal e intransferíbel? Sempre houbo quen tivo claro que debía ser el, e non outros, quen decidise onde estaban eses límites. E un medio como a banda deseñada, pola súa calidade de eminentemente gráfico, é unha presa fácil para estas
disquisicións.

Un caso ben coñecido é o que deu lugar á Comics Code Authority. Esta entidade foi creada nos EE UU en 1954, en pleno mccarthismo, por mor das advertencias que o psiquiatra Fredric Wertham fixera no seu libro Seduction of the Innocent sobre os perigos que os cómics e as mensaxes que levaban implícitas entrañaban para os cativos e os novos. Isto levou a unha investigación do Congreso dos EE UU contra a industria dos cómics americanos; como resultado, os editores decidiron voluntariamente estabelecer unha comisión de control dos contidos dos seus produtos. O libro do doutor Wertham aseveraba que a violencia, o terror e a carga sexual que podían verse nos cómics para adultos podían inducir condutas similares nos nenos; convén dicir que Wertham entrevía contidos sexuais ocultos en moitos cómics —unha relación homosexual entre Batman e Robin, formas de nus femininos disimuladas entre as rugosidades de cortizas de árbores...—. Perante o Subcomité do Senado sobre Delincuencia Xuvenil, Wertham, en calidade de testemuña especializada, proclamou que a banda deseñada era unha das principais causas das condutas delituosas dos novos. A decisión dos editores de censuraren eles mesmos os contidos das súas publicacións, antes de teren que se someter a unha censura externa, moito máis custosa en todos os sentidos, fixo non só desaparecer escenas de violencia, senón subxéneros enteiros, como o do terror.

Este caso non foi algo propio só dos EE UU. Cousas semellantes ocorreron tamén noutros países, como Gran Bretaña. Nin que dicir ten que a censura franquista exerceu o seu control tamén sobre a BD, con criterios ben variábeis, como pode observarse en distintas edicións dun mesmo cómic: nalgún caso, a censura nunha reedición facía que unha frecha que no orixinal mataba un soldado inimigo fose redebuxada para ir caer ao chan, mentres o soldado mantiña a man no peito, agora sen ningunha seta cravada.

Aínda que o espírito pode parecer propio xa doutras épocas, o certo é que, de forma máis ou menos evidente, continúa até os nosos días —en 1991, un rapaz norteamericano, Mike Diana, foi condenado xudicialmente a non debuxar durante tres anos por ter sido achado culpábel de «obscenidade» nun fanzine, Boiled Angel, ateigado de debuxos «crus» propios do adolescente que era; a sentenza prevía controis periódicos do seu domicilio para comprobar o cumprimento da condena—. Curiosamente, a que podía parecer unha cuestión de índole conservadora é tamén defendida desde perspectivas aparentemente progresistas.

Naturalmente que hai casos de empregos da violencia no cómic que son discutíbeis no que respecta á súa oportunidade, ao gusto dos seus autores e, claro está, á percepción dos límites que ten cada persoa —coa que, obviamente, moitas veces tamén xogan—. É moi posíbel que desde unha óptica progresista eses casos poidan ser vistos mesmo como condenábeis. Mais permite isto que sexan censurados oficialmente?

Creo que, por máis que tentásemos fixar uns acordos mínimos sobre os límites que impor, non chegariamos a un consenso (a non ser, e até certo punto, no relativo a produtos dirixidos a un público infantil). Pensar, pois, nalgún tipo de censura de base pretendidamente obxectiva, por máis que esta veña disfrazada dos razoamentos mellor intencionados, non deixa de ter toda a aparencia dunha reacción paternalista, segundo a cal algunhas mentes preclaras deciden que é o que a masa debe ou non dixerir nos medios de comunicación a que está exposta. Isto, desafortunadamente, dá paso a innumerábeis atrancos á creatividade que estimo que non están xustificadas de ningún modo.

Cumpriría repararmos máis na condición dos medios de comunicación como imaxe da nosa sociedade —e reflexo das súas carencias e debilidades— que na influencia que exercen sobre ela. Quizá deberiamos preocuparnos moito máis de como estamos a formar a nosa sociedade e do tipo de persoas que creamos con ela que do que ofrecen os nosos medios de comunicación. Se entre o público lector dun cómic hai alguén capaz de imitar un asasinato que ve nunha viñeta, podemos ter a seguridade de que a mesma inspiración ou escusa poderá encontrar no motivo máis inocente: é el o enfermo, non ese cómic. Porén, é moito máis cómodo e sinxelo tentarmos arranxar os medios antes que directamente a sociedade.

03/09/09

, , ,

Máis recomendacións de BD

No número dous da revista Caña (xullo-agosto 2008) publiquei estas recensións de álbums de banda deseñada; aínda que xa pasase un ano desde entón, ambos os libros seguen a ser igualmente recomendábeis. De inicio poden parecer propostas un pouco duras —a primeira, pola súa densidade; a segunda, curiosamente, pola súa falta de texto—, mais vale a pena dedicarlles un tempo.
En concreto, a de Katchor está na onda dos relatos que reflicten a parte da historia menos grandiosa do ser humano —por non dicir directamente a máis mesquiña—, e, aínda que na realidade non ten nada que ver con elas, por algunha razón encóntrolle familiaridades coas perspectivas alternativas da historia americana dadas polos filmes There Will Be Blood (Paul Thomas Anderson, 2007) e The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (Andrew Dominik, 2007), ambos tamén difíciles (e para algúns mesmo pedantes).



El judío de Nueva York
Ben Katchor

Poucos autores teñen a capacidade que Ben Katchor demostra neste libro para trasladar o espírito dunha época. Neste caso, unha ben pouco habitual: a de principios do século XIX nunha Nova York ateigada dos máis variados personaxes na súa particular procura dun «novo mundo». Moitas historias engarzadas de forma sincopada (todas elas estrambóticas, mais curiosamente baseadas en persoas reais) van dando lugar a outra máis ampla que fala dun momento de conformación da cidade e do que ía ser toda unha nova cultura. A obra deste norteamericano é unha das maiores influencias do portugués José Carlos Fernandes n’A Pior Banda do Mundo; iso pode dar unha pista sobre os universos que nela se concitan, neste caso poboados por individualidades de discurso requintado ao estilo de 1830. H. T.


El número 73304-23-4153-6-96-8
Thomas Ott

Desenvolver unha historia sen palabras é unha das tarefas máis complicadas a que se pode enfrontar un autor. Supón ter un dominio maxistral da narrativa debuxada para conseguir facer intelixíbel a historia e captar toda a atención do lector só coas imaxes. O suízo
Thomas Ott, un auténtico virtuoso gráfico, que emprega ademais unha técnica moi característica —a do grattage ou scratchboard, na cal o trazo emerxe a partir do fondo negro—, consegue todo isto dentro dunha atmosfera desacougante, en que a carencia de sons enfatiza os efectos. Nesta ocasión, o relato volve ser escuro, de corte fantástico, agora rexido polas cifras que compoñen o longo número do título; como unha fábula matemática de tipo cíclico, planificada ao milímetro cal pesadelo trazado con compás. H. T.

27/08/09

A difusión do audiovisual

Na revista mensual Tempos Novos teñen aparecido algúns textos meus sobre cinema, e tamén sobre BD e caricatura. O último foi, en novembro de 2008 (n.º 138), este breve artigo respondendo á cuestion «Que males obstaculizan a proxección sociocultural do audiovisual galego?» dentro da sección da revista denominada «Tres en raia»; nela, tres persoas con algún tipo de relevancia no tema dan a súa resposta á pregunta formulada. Neste caso, respondiamos Antón Reixa —como presidente do Clúster Audiovisual Galego—, Dolores Ben Pena —como presidenta da Agapi—, e mais eu, en calidade de presidente da Federación de Cineclubes de Galicia (cargo que desempeñei entre 2005 e xuño deste ano, e no que me substituíu Manuel Precedo). Este foi o meu texto, titulado na revista «Tecer redes alternativas»:
A pesar de que, en aparencia, todos temos clara a importancia cada vez maior do audiovisual, segue sen acabar de ser visto pola nosa sociedade —e, por extensión, por moitos dos seus representantes— como un elemento da cultura. Vese, si, como un sector económico ou comercial e como unha forma de entretemento, mais ningunha desas dúas vertentes (igualmente importantes) ten sentido sen esa perspectiva cultural.

Nun momento en que temos máis acceso cada día a contidos a través de internet e de canais de televisión, o interese do público maioritario segue focalizado nun tipo moi preciso de produtos que se lle ofrecen. Non imos descubrir agora que se necesitan, máis ca nunca, guías e criterios para acceder a uns contidos que poden ser tan inútiles por exceso como por defecto. Fronte a isto, o risco está en caer nunha elitización cultural que fabrique barreiras entre os gustos xerais e os gustos ‘intelectuais’. Trataríase, antes ben, de crear dinámicas que ampliasen os horizontes dos espectadores medios, que lles permitisen ir descubrindo cómo se pode disfrutar igualmente de moi diferentes tipos de produtos audiovisuais, aínda que algúns sexan inicialmente máis ‘difíciles’.

O apoio ao audiovisual galego adoita entenderse como apoio á produción, esquecendo a imposibilidade de apoialo sen facelo tamén á difusión do audiovisual en xeral. Dado que estamos a vivir unha crise moi fonda na exhibición cinematográfica, cómpre potenciar unha rede alternativa —nalgúns casos, aproveitando tamén as salas comerciais existentes— desde as institucións.

Esta axuda institucional debe ir dirixida á base: necesítanse dinámicas socioculturais horizontais, non dirixismo vertical. Precísase, primeiramente, dunhas infraestruturas, algo do que carecemos na maioría do territorio galego. Mais tamén se necesitan unhas políticas culturais pensadas para cada lugar, porque cada vila, barrio ou cidade ten as súas características; non é lóxico facer unha programación cultural centralizada, polo menos se se pretende que sexa efectiva. Serán aquelas persoas que viven a realidade de cada zona —e traballan con ela, por exemplo, desde o campo asociativo— as que mellor poidan entender as solucións culturais que precisan. Non se poden dar saltos no baleiro, e se en moitos lugares non hai salas de exhibición cinematográfica, primeiro haberá que pasar polos niveis máis básicos e necesarios, como o cinema de entretemento —haino de calidade, naturalmente—, ou o dirixido aos máis novos. Hai que crear primeiro públicos para despois ir ampliando horizontes.

Porén, isto supón loitar contra correntes que veñen de moi lonxe e de moi fondo. A sobreprodución e o aproveitamento de tipo intensivo dos produtos audiovisuais —un mal que inza case todos os campos da industria cultural— xeran un remuíño que en moitos casos está a levarse moi mal coa perspectiva cultural da que falamos, e, en último termo, coa propia subsistencia da industria. Ante todo isto, o movemento cineclubista, infelizmente con moitas menos forzas hoxe das que podería ter, pretende xerar amor polo medio a través do seu coñecemento.

Outro artigo máis extenso sobre o tema («Cineclubismo en Galicia: tempos difíciles»), que creo que segue a ser tan de actualidade coma este, foi publicado na mesma revista en xullo de 2007, e pode baixarse aquí en formato pdf (52 Kb).

18/08/09

BD en ‘Caña’

Antes do Viralatas houbo outro proxecto moi similar, que contaba ademais practicamente co mesmo equipo humano. Os problemas da empresa editora foron os que fixeron que a revista Caña, que así se chamaba, acabase no seu número 4 —antes houbera outra revista Caña patrocinada por unha coñecida marca de cervexas, mais esta nova estaba máis centrada no modelo dunha publicación de tendencias. Eu colaborei con pequenas recensións sobre banda deseñada; eran realmente pingas de 1000 caracteres en que tiña que concentrar toda a esencia da obra de forma que resultase atraente tanto para afeccionados como para neófitos. Estas que reproduzo agora eran as primeiras, correspondentes ao número 1, de maio de 2008. Os dous títulos de que falo aínda están disponíbeis nas tendas, para quen estea interesado.

Aventuras de Cacauequi (Edición anotada), de Jacobo Fernández Serrano, é o primeiro traballo en álbum deste autor galego que xa era coñecido polos seus traballos nas revistas Golfiño, BD Banda e Retranca. Con el gañou o Premio Castelao 2007, demostrando novamente posuír un mundo propio ateigado de ideas e sensacións. Gozar desta obra é unha experiencia atípica: a súa historia non responde a ningún tipo de canon e hai que lela coas súas notas ao final do libro (notas en forma de cómic, loxicamente) para entender todo o seu sentido. Precisa que quen o lea se deixe levar a un escenario entre o soño e o mito, cunha fantasía evocadora e asemade inserida na brutalidade. Narración nada compracente, pode ter unha aparencia caramelizada pero contén entre os seus ingredientes o medo que nos leva directamente a certos pesadelos. H. T.


En El jardín armado y otras historias, de David B., o elemento mítico pasa a ter unha importancia primordial, como ocorre noutras obras deste autor francés, tanto nos universos mentais contemporáneos (La ascensión del gran mal [recompilada posteriormente nun único tomo co título de Epiléptico]) como nos da antigüidade ou o medievo (Los buscadores de tesoros). Partindo de feitos históricos relacionados con seitas heréticas (do islam a primeira parte, co Profeta Velado Al-Muquanna; do cristianismo a segunda e a terceira, cos adamitas e os husitas), David B. traza con precisión tres contos que exploran toda a simboloxía de épocas pretéritas. É unha viaxe polo imaxinario do pasado grazas a unha linguaxe, a da BD, que permite unha inmersión que ningunha outra arte conseguiría. O emprego de estéticas que evocan culturas afastadas no tempo, unha narrativa case hipnótica e uns argumentos que conectan co noso lado máis ancestral conseguen o resto. H. T.

P. S. De Aventuras de Cacauequi fixen tamén outro comentario, máis extenso, na miña columna de CulturaGalega.org do 7/5/2008, que pode lerse aquí.

12/08/09

, ,

BD no ‘Viralatas’ n.º 3

E, como dicía no anterior post, este número de agosto-setembro de Viralatas —que, insisto, pode baixarse enteiro en formato pdf desde aquí— tamén inclúe a miña sección de banda deseñada, con catro títulos destacados entre novidades e non só.

Dándole vueltas
Frederik Peeters

Peeters é moito máis que o autor de Píldoras azules; é dicir, esa —polo demais magnífica— obra deste prolífico suízo non esgota, en absoluto, o seu abano temático, nin ter tocado unha cuestión tan sensíbel en primeira persoa é o único mérito do seu traballo. Peeters sabe narrar de forma maxistral, é un creador de BD nato, excepcional, e iso fica demostrado en Constellation, en Lupus, en Koma, en R. G. ou neste Dándole vueltas, recompilación de traballos publicados previamente en revistas como Bile Noire ou Lapin. É tan extenso o seu rexistro que é probábel que moitos lectores gusten dunhas historias e en cambio non doutras: el non se conforma cos terreos coñecidos, e procura a exploración doutros novos, e vai así do humor negro á fantasía experimental, pasando mesmo pola reportaxe en forma de cómic, e, tamén, pola reflexión autobiográfica. Até hai variación nas técnicas e os estilos visuais. Se os relatos do volume teñen un punto en común, ese é a mestría que destilan. H. T.


Calles contadas
Juan Berrio

Proxecto persoal do seu autor, publicado por el mesmo nunha coidada edición, o último traballo do valisoletano Juan Berrio segue fiel a unha forma de entender o cómic e a ilustración como unha combinación de elementos como o cotián, as pequenas historias, o detalle, a casualidade, certa filosofía da sinxeleza. Neste caso, apostando aínda máis por unha ollada inxenua e amábel, que lembra a de artistas como Raymond Peynet cos seus namorados, sen que esa inxenuidade ou esa amabilidade signifiquen en ningún momento banalidade, senón a reivindicación dun modo de contar as cousas en que caben os xogos de palabras sen segundas intencións e os sketches visuais de ton clásico. O libro componse dunha serie de micronarracións —en secuencia coas páxinas do libro— unidas polo espazo urbano en que se localizan, verdadeiro protagonista da historia. Aínda que non é fácil de encontrar, pode comprarse en librarías especializadas galegas ou pedirse a Berrio a través da rede. Vale a pena o esforzo. H. T.


Harry Pórrez y el as en la manga de Condemort
Vergara/Víctor Rivas/Enriquecarlos
Que afortunadamente hai herdeiros para o mellor da escola Bruguera demóstrao a obra de Bernardo Vergara, quen, tanto na súa faceta de autor total como na de guionista, sabe adaptar aos nosos tempos ese tipo de humor característico. E sabe facelo propio, sen caer nunha simple imitación ou pastiche, mesmo cando se trata de facer unha parodia, como é o caso. Vergara acompañouse na serie Harry Pórrez dos debuxantes Enriquecarlos —que a deixou durante a súa publicación na revista Mister K— e Víctor Rivas —galego xa veterano no mundo da BD, que a retomou con acerto—. Dous estilos diferentes, que achegan matices distintos a unha serie que se le con fruición. O brío do primeiro é complementado polo talento na creación de espazos do segundo. Malia ser unha caricatura das historias do celebérrimo mago, os personaxes están tratados con cariño, e as tramas, que seguen inicialmente o modelo de J. K. Rowling, axiña logran camiños propios, sen cansar dentro dun estilo necesariamente reiterativo. H. T.


Hacer cómics
Scott McCloud

A presenza de McCloud no Viñetas desde o Atlántico sérvenos de perfecta escusa para falar sobre o seu libro, que complementa, ao igual que o fixera La revolución de los cómics, o fundamental Entender el cómic: el arte invisible. Naturalmente, non hai por que estar ao cento por cento de acordo coas teorías deste autor, mais as súas obras son sempre unha bafarada de aire fresco. Pensar a BD desde o propio medio: esa é a clave deste estadounidense —asinante tamén da recentemente recuperada obra de ficción Zot!—, que, apoiado nunha estudada narrativa, consegue expor as súas ideas de forma efectiva e clara, e asemade amena e divertida. Esa destreza en mostrar argumentos en forma de cómic fixo que Google lle encargase a BD de presentación do seu navegador Chrome, por exemplo. As súas explicacións sobre como facer un cómic non só servirán a quen queira iniciarse nesta arte de forma activa, senón a toda persoa que procure comprender mellor os mecanismos internos da narrativa secuencial. H. T.

10/08/09

, ,

Cinema 3D

No número deste mes —na realidade, o correspondente aos meses de agosto e setembro— da revista Viralatas, á parte da miña sección de recensións de BD, colaboro cun artigo sobre o cinema 3D dixital, novidade a que xa podemos acceder en varias das salas galegas.
A miña idea era afrontar o tema do cinema en relevo non desde o punto de vista simplemente descritivo (que tamén fai falta, porque aínda non se sabe moito acerca do asunto) senón, sobre todo, creativo: é un avance ou pode ser un atranco á hora de contar historias o feito de teres que estar pensando en sacar cousas fóra da pantalla para satisfacer as ansias de espectáculo do público?
A verdade é que non teño moitas oportunidades de escribir sobre cinema, outra das miñas grandes paixóns, así que quedei moi contento de poder facelo, e ademais sen limitacións de espazo.
Como xa comentei noutro post, a revista pode conseguirse gratuitamente en moitos bares, cafés, tendas de discos e similares das sete cidades galegas, pero tamén pode verse en formato pdf a través da web (son 5,55 Mb). O artigo en cuestión pode lerse nas páxinas 24 a 26.

E xa que estamos, aproveito para recomendar Up, unha nova demostración do poder creativo e cinematográfico de Pixar, dirixida nesta ocasión por Peter Docter (que xa o fixera en Monstros, SA e que coescribira parte dos títulos da casa). Vina por fin onte (en versión 3D), e é para quitar o sombreiro. Hai, novamente, pouso dos grandes clásicos —antigos e modernos: encontramos desde pingas do Capra de It’s a Wonderful Life (esa parella que non logra cumprir o seu soño dourado de viaxar) até tonalidades e claves propias de Miyazaki (as escenas de voo e de nubes; os créditos finais, en que vemos imaxes do que sucede despois de acabada a historia). É unha coidada mestura de tenrura, humor —eu rin a cachón—, drama —tamén me emocionou e me humedeceu os ollos— e aventura. Demostra amor polo cinema, e respecto polo espectador; a espectacularidade —que a ten, e moita— está moi ben medida: a verdadeira sensación de espectáculo lógrase por contraste entre escenas calmas e escenas de acción (se todos os planos fosen «espectaculares» a sensación perderíase aos dez minutos; é como a vida mesma: se non houbese momentos infelices, non saberiamos o que é a felicidade).
Precisamente, é moi curioso que, aínda que o filme é un éxito, non vai cumprir as expectativas de moitos que vaian buscando os «efectos 3D»: souberon dosificalos tan ben, adaptalos tanto para non interferiren na historia, senón para a complementaren, que moitos non os van notar; de feito, non hai cousas que saian da pantalla: para que, se non fai falta? Todos os efectos están baseados en xogar coa profundidade, e vaia se o conseguen. Oxalá unha de cada cen fitas 3D vaia ser así.
, ,

‘Grafismos’, en CulturaGalega.org


A semana pasada saíu publicada unha nova entrega da miña colaboración bimestral con CulturaGalega.org —o portal do Consello da Cultura Galega—: a columna «Entre as viñetas». Como o propio título indica, os temas sempre versan sobre banda deseñada; procuro que o enfoque sexa divulgativo, e, ao mesmo tempo, comentar neses 3000 caracteres que teño de límite cousas de interese para a xente xa metida no mundo na arte nona.
Nesta ocasión (a número vinte e seis), volvo darlle voltas a detalles que, talvez por seren tan evidentes, acaban pasando desapercibidos mesmo para os afeccionados. Por exemplo, a importancia da parte gráfica da banda deseñada, que crea filias e fobias tanto para aqueles que se achegan por vez primeira como para os xa experimentados.
Un tema semellante tocaba, precisamente, hai un ano, cando reflexionaba sobre a dificultade de narrar sen palabras. Para acceder ao resto das columnas de «Entre as viñetas» publicadas até o de agora, basta con acceder a esta páxina.

29/07/09

,

Esquerda e dereita

Ademais de varios interesantes artigos sobre o futuro case inmediato da prensa (máis información aquí), o número de xullo da revista Letras Libres publica outro destes que chaman a atención do meu interese (absolutamente amateur, naturalmente) polos temas relacionados coa antropoloxía. Trátase dun artigo do mexicano Gabriel Zaid, titulado «Izquierda y derecha», que reflexiona sobre os valores que, en culturas de todo o mundo (desde a prehistoria até os nosos días, nas nosas casas), se lle ten dado á dereita e á esquerda en todos os sentidos, non apenas o político.
Los antropólogos han estudiado numerosas dualidades en diversas culturas, y han observado que no son neutrales, como las clasificaciones matemáticas, físicas y químicas. Están teñidas por la polaridad del bien y del mal. ‘Abajo y arriba’ no es una simple clasificación espacial: es una clasificación religiosa que se vuelve social y finalmente política. Sucede lo mismo con ‘izquierda y derecha’.
Émile Durkheim y Marcel Mauss (“De quelques formes primitives de classification”, 1903, disponible en Google) arguyeron que “Toda clasificación implica un orden jerárquico cuyo modelo no está en el mundo sensible, ni en la conciencia”. Es un constructo social que no sólo tiene historia, sino prehistoria. Es de origen religioso. Relaciona todo con todo en una comunión de los astros con la vida, los habitantes con su medio ambiente, el clan y su tótem, el nombre y la persona, los signos y los objetos. Los del clan del cocodrilo no son crueles como los cocodrilos: son cocodrilos. “Las metamorfosis, las transmisiones de cualidades, la sustitución de personas, de almas y de cuerpos, las creencias relativas a la materialización de los espíritus y la espiritualización de objetos materiales son elementos del pensamiento religioso o del folclor.” La clasificación de todos los seres vivos y de todas las cosas emerge lentamente de la indistinción, pero no es una creación mental que construya categorías abstractas y las aplique a la realidad, a la manera de Aristóteles, sino un proceso social de creación de formas de vida en común: la distinción de clanes, sus relaciones (entre cuáles clanes puede haber o no intercambios matrimoniales), el reparto del cosmos (a cuál clan le corresponde el viento, a cuál la lluvia), la distribución de actividades en el espacio y en el tiempo, las ceremonias.
O artigo completo pode lerse aquí, e ademais pode baixarse en formato pdf, maquetado, nestoutra ligazón.